Reflejo condicionado
Yo, que siempre espero sacar algo bueno de todas las experiencias, me considero, para mofa de mí, un optimista. Desde ésta perspectiva, el optimismo es el camino a la tragedia, porque un optimista siempre espera salir de la espiral de agua una vez accionada la cadena.
En el lado opuesto, no hay tragedia para un pesimista, porque todo es tragedia, pero tragedia desde la barrera. Habita en el barquito seco que navega el cenagal de mierda en el que chapoteamos los optimistas. Así, si ambos, pesimista y optimista, encontramos, digamos, un accidente, el pesimista se echará las manos a la cabeza lamentando la fatalidad y la muerte horrenda, mientras que el optimista se acercará al amasijo de hierros con la idea de salvar a quien aún siga vivo. Objetivamente, el pesimista tendrá razón al no hacer nada, consumando con esto la tragedia, mientras que el optimista podrá o no podrá tener razón en su esfuerzo.
Bordea los condicionales y la incertidumbre querer actuar en el mundo. La pasividad es el “ya te lo dije” lapidario. Por suerte, vivimos en un mundo con una cantidad de optimistas suficiente, es más, la sociedad es en general optimista, siempre quiere cambiar el mundo.
Supongo que un blog es una forma tranquila y burguesa de optimismo. Por esas mismas razones, supongo, hay un cerco sombrío de tragedia que me acecha muy particularmente.




viernes, noviembre 26, 2010
Unknown
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