Historias diversas
LA VIDA EN MADRID
El terrorista islámico comprobó la hora y salió del vagón del metro, línea 1, dejando tras de sí la mochila con los explosivos. El ratero rumano se apoyó junto al bulto y en la siguiente parada, con toda naturalidad, se lo colgó del hombro y salió al andén. Giró un par de esquinas caminando errático y, cuando supo que nadie podía seguirlo, esperó en el andén de la dirección opuesta, de vuelta a casa. Se bajó en la última estación y caminó entre cascotes los cientos de metros hasta donde vivía. No lo sabía, no podía saber que no había cobertura y que si no tocaba nunca más aquella mochila sería un héroe anónimo. Pero no, enseguida se acercó su padre revolviéndole la mugre del pelo y aplicó cincel y martillo al candado de la cremallera. Los golpes bruscos y los zarandeos dispararon el detonador y todo el barrio chabolista desapareció del descampado dejando sólo rastros de carne calcinada y aluminio arrugado.